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viernes, 25 de enero de 2013

Memoria RAM 1-Parte 9: FUEGO Y CARRO DE SIELHO (Shi-El-Ho) -Carlos Torres Valencia


Su instrucción allanó mi sendero, al mostrarme mis orígenes y los de la humanidad.

De ésta me señaló, ser el umbral de todos los principios; que humanidades son muchas en el Universo del Altísimo.

Conocí mi identidad, que no he olvidado, como Esencia, en éste tiempo, donde estoy, y dicto como Saber.

Hice de las Nueve Leyes originales en las que existe El Sin Nombre y el Sin Fin, mis totales memorias asentadas en mi espíritu y alma.

Me preparó en esos días para conocer a los hombres del Sielho, donde también él es, y fue preparado, con su propia Esencia.

Y llegó el día en que el Preparador debía regresar; un torbellino se dibujó en el cielo mientras caminábamos desde Gilgal.

Y él me insistió:

-quédate atrás, las fuerzas de arriba han llegado-

mas yo me aferré a no dejarle ir sin mí; el era Mi manto y vestidura.

Caminamos adelante hasta Bet-el y otros visionarios salieron al camino para decirme:

-el Señor te quitará hoy a tu Señor-

y yo les mandé callar; porque en silencio y desde el día que sacrifiqué mis bueyes, sentía su viaje, quería irme con él.

El Preparador volvió a decirme:

-quédate aquí ahora, debo ir a Jericó, ya que cada vez que un profeta del Sielho se traslada a un lugar distante, las nubes bajan al suelo y lo conducen hacia donde debe estar.-

Y nuevamente respondí:

-le acompañaré al final.-

Y él dijo:

-Vive el Altísimo que así será.-

Y así llegamos a Jericó, aún no intuía de la preparación necesaria como hijo del Cielo, para compartir con los hombres.

No comprendía que se necesita consciencia, espíritu del alma para quedarse en éste mundo.

Y llegamos al Jordán.

El Profeta me reconsideró:

-te ruego que te quedes, porque se me ha enviado lejos, pasando el Jordán.-

Fueron inútiles mis ruegos, mientras algunas gentes, más cincuenta de los hijos de los profetas, se pararon delante a lo lejos para observarnos.

Tomó entonces su Manto, lo dobló, y golpeó las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado y pasamos los dos por lo seco.

Y cuando ya habíamos cruzado, dijo mirándome a los ojos y colocando su mano derecha sobre mi corazón:

-pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de tus ojos y tiempo.-

Entonces lloré, como en aquel momento, en que solté el arado, para ofrendar mis bueyes a la nueva vida, que se me ofreció, y tomé su Manto, volví mis ojos en los suyos y pedí:

-te ruego, que una doble porción, de tu espíritu, sea sobre mí.-

Y él repuso:

-cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; si no, no… -

Caminamos un poco más, en tanto, hablamos sobre el tiempo cuando él regresaría vestido de Voz y clamor del desierto, y al final, cubierto de Vuelo de Paloma e Imperio del Sol;

al tiempo de mi regreso y heredad, porque luego, él llevaría la semilla hasta el Trono de la Eternidad.

Y entendí los símbolos que en ese momento transmitió, pero los grabé en mi corazón y ahora se abren para quienes han de buscar al Preparador del Camino, como yo lo encontré.

Hablábamos cuando el torbellino se repitió y de él salió un “carro” de fuego cristalino, no se parecía a ninguno de la tierra, ningún rey poseía uno de éstos.

Era un fuego y dentro, como plata a forma de casa de cristal. Brillaba en colores del arco iris, pero su fuego no quemaba.

El torbellino nos apartó a los dos, él quedó a un lado, en tanto, yo al otro.

Mi mente y pensamiento trataron de recordar la figura del carro, me era familiar; quedé separado por una distancia que no me permitió acercarme, el torbellino lo elevó lentamente, yo en tierra clamé con las manos hacia el carro de fuego.

Entonces recordé mi origen, me parecía venir de un fuego, de carros de fuego; él se elevó lentamente mientras sentí que así fui depositado en el vientre de una mujer joven.

Y el Preparador subió al torbellino, al fuego del iris, que lo arrebató ante mis ojos y manos suspendidas mientras clamaba:

-¡Padre Altísimo, Padre mío, carro de los Cielos!-

Lloré otra vez, mientras rompí mis vestidos en dos partes, una del saber en ese tiempo y la otra, del heredar el cumplimiento de ésta Verdad.

Todo quedó en silencio, atónitos también los espectadores, no se acercaron, mas presenciaron desde lejos.

Alcé el Manto ya de mi Camino, que él dejó caer, en símbolo, del cambio del Arado, por su Manto, volví a la orilla del Jordán y golpeé con él las aguas, y dije:

-¿Dónde está el Dios del Sielho (shi-el-ho), el Señor del Preparador del Camino?-

Y cuando hube invocado al Altísimo en mi Corazón y golpeando las aguas con mí fuerza Interior, éstas se apartaron a uno y a otro lado, y pasé y entonces fui el profeta, que sin soltar mi arado, heredé el Manto del Preparador.

Mi Espíritu con el Manto…

el designio estaba sobre mí. Desde el momento que por mi conciencia y voluntad, sacrifiqué mis bueyes, desde el instante que dejé casa y familia, porque encontré casa y familia en aquellos que se levantaron con el Preparador;

los demás no comprendieron y era visible la confusión en aquellos cincuenta varones que se eligieron entre la multitud para ir a buscar al Preparador, pues ellos creían que un animal o el espíritu del bosque lo había raptado.

Me importunaron hasta que dije: -enviad a buscarle, pero no lo encontraréis- y buscaron tres días, mas no lo hallaron.

Posteado por Oliver Mora.

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