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martes, 7 de mayo de 2013

Cuento: El Día que Descubrí mis poderes por Divya Vatnani


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EL DÍA QUE DESCUBRÍ
 MIS PODERES
            Hoy me levanté tempranito. Tuve un sueño precioso. Eran siete ángeles con trajes de distintos colores. Y me decían: -Te hemos traído un regalo. Toma, este paquete es para ti, pero nos tienes que prometer que lo vas a compartir con todos  tus amigos. Yo me quedé muy contento, pero también algo sorprendido ¿Qué habrá en el paquete? ¿Serán juguetes? ¿Serán golosinas? ¿O libros de comic?

         Pero bueno.. , hice la promesa. Cuando abrí  la caja, ¡Me quedé boquiabierto! Salieron de golpe siete rayos de distintos colores. Empezaron a rodearme..¡Y sentí algo increíble!  Me sentí muy bien, muy alegre, era como si de repente fuese el niño más feliz del mundo. Los ángeles me miraban y sonreían.
         Pero  después, de lejos, se oía algo… algo que me alejaba de esta magia…¡Ay Dios! ¡Era el despertador! ¿Cómo  me había  podido equivocar? Hoy era sábado, y anoche yo había puesto el despertador pensando que hoy también tenía cole….. ¡Qué rabia!
         Más tarde, después de desayunar, me quedé pensando en el sueño. ¿Qué significaban esos rayos? ¿Cómo los podía compartir con mis amigos? Y se me ocurrió una idea. Esta tarde, voy a ir al cumpleaños de Javi, mi mejor amigo.
                                                           –  1 -
Allí voy a ver a su hermana mayor, Judith, que entiende algo sobre los ángeles y veré si me puede explicar algo sobre ellos.
             Llegué allí un poco antes de tiempo, ¡Parece ser que era mi día de suerte! Javi se estaba vistiendo, y Judith me pidió ayuda para colgar los globos. Y yo, tan contento, aproveché para contarle mi maravilloso sueño, aquel que se me había quedado a medias por culpa del despertador. Al  terminar de contarlo, Judith me dijo: ¡Con razón traes tan buena cara hoy! Pues mira Daniel te voy a explicar, los siete ángeles que aparecieron en tu sueño son en realidad los 7 Arcángeles  que te ofrecían los 7 rayos que encontraste en la caja.
-¿Y que  son los arcángeles?- quise saber.
- Son los ángeles más elevados, los más importantes que hay, y quieren que nosotros ayudemos al planeta Tierra, de la manera más sencilla, para que no haya guerras, hambre y sufrimiento. Por eso nos ofrecen estos 7 rayos. ¿Qué  te parece? – preguntó Judith.
         De momento todo parecía muy interesante. Pero no entendí una cosa ¿Qué  pintábamos allí mis amigos y yo? Porque estos poderes los tienen los arcángeles, nosotros somos personas. Judith parecía que leía mis pensamientos, porque dijo: – No te preocupes Daniel, ahora nosotros, las
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personas, también podemos usar estos rayos. Cada rayo nos puede ayudar en las distintas dificultades que podemos encontrarnos en la vida. Por ejemplo, el rayo AZUL del Arcángel San Miguel nos puede ayudar a superar nuestros miedos y nuestras dudas, el rayo DORADO (o amarillo) del Arcángel Jofiel nos puede ayudar a ser más sabios.
-¿Sabios? ¿Y qué significa eso Judith?
-Los sabios son los que saben mucho, son inteligentes y hacen las cosas pensándolas y con cuidado de no perjudicar a nadie. El siguiente es el rayo ROSA del Arcángel Samuel, y es para sentirnos llenos de Amor. El rayo BLANCO (o plateado) del Arcángel San Gabriel es para la pureza, nos da alegría y felicidad, y nos ayuda a comprender que todos somos bellos aunque a veces no lo parezca.
-          Judith, perdona un momento, ¿Pero es importante saber los nombres de los arcángeles? -ella sonrió y dijo que lo importante era trabajar, los nombres eran por si alguien los quería saber. ¿Seguimos? Bueno, el rayo VERDE del Arcángel San Rafael es para la sanación, el rayo ORO RUBI (o naranja) del Arcángel Uriel es para la abundancia y la paz y el último, el rayo VIOLETA del Arcángel Zadquiel es para transmutar o cambiar los pensamientos que nos hacen sentir mal por pensamientos de alegría.
-          ¿Y éste último sirve también para los sentimientos de culpabilidad?
-           ¡Claro que sí!. Para la culpabilidad, para la rabia y muchas cosas más.
                                                    - 3 -
-          Entonces, ¿Es verdad lo que decía Judith?
¡Nuestros problemas empezarán a desaparecer en cuestión de segundos!
Pero Judith me corrigió, ¡No te dije  en cuestión de segundos!
El tiempo depende de cada una de las personas, puede tardar unos días, unas
semanas, unos meses, no sé depende de los Arcángeles, ellos calculan el
tiempo que necesita cada persona para sentirse realmente felices.
 ¿Comprendes ahora?

         Al parecer, nuestro trabajo era enviar los rayos a la persona o al lugar correspondiente, confiando en que llegarían allí, sin tener prisa para conseguir los resultados. Y aunque la situación cambie o no, la persona dejará de sentir el sufrimiento y se sentirá en paz, que es lo más importante. ¡Ah ya! Creo que voy comprendiendo, no se trata de ninguna broma, sino de algo serio…
         Judith siguió, “todos nosotros tenemos estos regalitos en nuestras manos, unos poderes que con el tiempo y la práctica pueden ir aumentando. Lo que pasa es que no nos damos cuenta de que lo tenemos. La caja que te dieron los Arcángeles, era para recordarte el poder que tienes en tus manos. Y ahora, tú tienes que recordárselo a los demás, aunque antes tendrás que practicarlo tú para poder explicarles mejor “.
         Mientras estábamos hablando, oímos a Javi  llamando a Judith,
 - ¿Qué pasa, Javi?   -preguntó Judith.
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Y Javi, algo triste, respondió – Es que cuando me miro en el espejo me veo bajito, feo, la cara llena de granitos…, aquellos chicos tenían razón”.
         A ver Daniel, ahora, dime tú que ya has aprendido un poco sobre los rayos, ¿Cómo podemos ayudar a  Javi?
 - Creo que debemos de ayudarle con el rayo BLANCO, el de la pureza. ¿Pero cómo funciona esto?
         Es muy fácil  – dijo Judith,”Sólo  tienes que sentir, desde el fondo de tu corazón que estás mandando luz blanca a Javi. Es como si él tuviese una lámpara encima de ella, cubriéndole de una luz blanca, que cada vez se va haciendo más intensa.
         “¿Y esto se hace con los ojos abiertos o cerrados?” – pregunté yo. En principio es mejor que los ojos estén cerrados para poder relajarse y concentrar mejor. Pero con el tiempo y la práctica, puedes hacerlo con los abiertos. Deja que fluya tu imaginación. Puedes repetir varias veces al día, incluso unos minutos cada día, hasta que lo veas necesario.-dijo Judith.
 Así que cerré los ojos y empecé a mandar luz blanca a Javi. Cuando abrí los ojos, me sentía muy bien, casi igual que en mi sueño. Y Javi también parecía  tener mejor cara.
-Ahora, vamos fuera al salón – dijo Judith, los demás niños estarán llegando. Otro día seguiremos hablando.
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La tarde pasó volando, entre los juegos, las golosinas, la tarta y ahora la piñata. En cuanto Javi arrancó la cuerda, todos nos tiramos  unos encima de otros, intentando coger más chuches. Y como muchas veces suele pasar, un niño se hizo daño en el pie, y empezó a llorar. Y mientras los demás fueron corriendo a atenderlo,  yo preferí mandarle desde mi sitio la luz, a ver cuál era…¡ Ah sí! La VERDE…esa que se ve tanto en los hospitales. Cerré los ojos, y tal como me dijo Judith, envolví a ese niño en luz verde. No sé cuanto tardé. ¿Un minuto?, ¿O quizás dos? o, ¿No sé si fueron tres? Pero lo cierto es que cuando abrí los ojos, aquel niño ya no estaba llorando, aunque su cara decía que aún le dolía un poquito. Claro, Judith dijo que el rayo verde no es algo milagroso, simplemente ayuda a sentirse mejor. Cuando terminó la fiesta, yo me fui a casa. Los días  siguientes los pasé experimentando con mi nuevo”regalito”. Los primeros días fueron como un juego; si un niño del barrio tenía mucho miedo, rayo AZUL; si mi madre se enfadaba conmigo, rayo ROSA; si en la calle veía a alguien con mucho sufrimiento, rayo VIOLETA; y así…Pero, al mismo tiempo me iban surgiendo muchas preguntas;  ¿Se podían mandar a la vez 2 o 3 rayos juntos?, ¿Se podía mandar luz a través de la televisión al otro lado del mundo, donde haya guerras, inundaciones, o hambre? ¿Y cuando no estamos seguros del rayo que hay que utilizar, qué hacemos? ¿Y si nos equivocamos?  ¿Y si yo quiero ser más inteligente, podría usar la luz dorada? .
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         En fin, como eran tantas preguntas, llamé a Judith, y quedamos un día en un parque cercano. ¡Y qué sorpresa! Vino Javi también.¡ Parece que él también se estaba animando! ¡Y cómo no! Si era todo tan sencillo y encima se conseguían buenos resultados.
         La verdad es que hablar con Judith me ayudó a aclarar muchas dudas. Ella me explicó que siempre que me confundiera, lo mejor era cerrar los ojos unos segundos, y después dejarme llevar con lo primero que siento en ese momento. Mientras estábamos hablando, algunas personas alrededor de nosotros nos miraban como si estuviésemos hablando en chino. Pero Judith sonrió y dijo:- No te preocupes Daniel, con el tiempo ellos también acabarán hablando en chino. Ella me comentó que igual que nuestros pensamientos, los rayos de los Arcángeles también podían llegar a cualquier lugar. Y cuando no estemos seguros, podíamos mandar 2 o 3 rayos a la vez o unos días un rayo y otros días otros. Y por si te interesa saber, el rayo AZUL tiene más fuerza los Domingos, el rayo DORADO los lunes, el rayo ROSA los martes, el rayo BLANCO los miércoles, el rayo VERDE los jueves, el rayo ORO-RUBÍ los viernes y el rayo VIOLETA los sábados, aunque se pueden usar cualquier día.
-          ¿Y si me equivoco Judith?
-          No pasa nada, porque eso lo arreglan los Arcángeles.
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-          Y una última pregunta ¿El rayo DORADO puede ayudarme a ser más inteligente y sacar mejores notas en el cole?
-          Y sonriendo, Judith dijo: – Prueba a ver.     
Con el paso de los días, parecía que los rayos tenían más efecto. ¡Qué bonito era todo esto! Hasta  entonces, no sabía que sentado en mi casa, podía ayudar a tantas personas, e incluso a mi mismo. Poco a poco, se estaban contagiando mis amigos, ¡E incluso  algunos familiares! ¡Qué bien! Porque cuantas más personas seamos, más efecto pueden tener los rayos y a ver si conseguimos tener un mundo mejor, con más sonrisas y alegrías.

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