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viernes, 1 de febrero de 2013

Memoria RAM 1-Parte 14: EL MAESTRO DEL TEMPLO, LA MONTAÑA DEL TIEMPO (Mi Preparador)-Carlos Torres Valencia


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Se ve fuerte y maduro en edad, no tiene pelo, pero ya puedo ver, porque se me enseñó, desde adentro, y veo, su edad, por su cabello en el aura, es de unos 54 años.

Hoy me ha saludado con las siguientes palabras de entrada:

“La paz del espíritu y la sabiduría de la conciencia sean contigo.

Me llamarás Preparador, no es un nombre; es un símbolo en el presente y en el futuro.

Yo soy tu cuarto Guía: conmigo aprenderás de la autoridad de la conciencia, porque hasta ahora, detectas el yo, de cuanto aprendes.

A partir de hoy, obtendrás Consciencia, Ser, de cuanto serás y eres, desde que has sido en los principios. Consciencia de cuanto eres para siempre jamás”.

“Naciste humilde sin padre y madre de la Tierra; ese es tu símbolo, tu llegada al mundo de los hombres.

Las cunas de oro ulceran la carne, burlan con emociones, deforman la mente y si un inmortal crece en esta abundancia, será miseria. El alma se pierde en el arrullo de la hediondez del mundo.

Los espíritus portentosos son modestos en hacienda, y es mayor majestad nacer humilde que opulento en tenencia; porque quienes brotan en cuna de oro, nunca pueden conocer la fatiga de los pobres.

Se enseñorean de los necesitados y tomando poder sobre ellos, levantan sus Tronos con el sudor de sus miserias.

La riqueza de los poderosos se acumula en la rapiña y la sangre inocente. Sus palacios se levantan con ladrillos de ostentación y su oro viste de ruina y lamento a los pobres de la tierra. No existe mayor fortuna para el hombre que su grandeza de espíritu.

Los atuendos de oro, plata, piedras preciosas, coronas y reinos, no son para el espíritu de los sabios en consciencia; son para la mesa que humilla; de allí nace la engañosa iniciación de los ascendidos, vestidos de lujos y poderes; la negación del alma.

Los sabios en consciencia no tienen Tronos en el mundo, se hacen potestad de creación en sí mismos, esta es la consciencia verdadera de los justos”.

Hoy se inicia mi anhelada preparación. ¡Saris! creador serás en la Eternidad, antes debes adquirir sabiduría, conocer, la Consciencia Absoluta…

Se me previno para cuando llegasen los conocimientos de la consciencia; entonces debía poner en práctica todo lo aprendido.

Mi tarea sería escuchar y con gran poderío, rememorar cada una de las 12 cámaras de mi vida ya vividas, porque ellas estaban allí, fueran buenas y malas y de ellas debía sustraer la substancia de la consciencia para Saber qué elegir en mi vida siguiente.

Y llegó el Maestro de la Consciencia, mi Preparador de cabeza rapada como la mía, de túnica encarnada que se veía bajo su aura azul clara, y mirándome a los ojos con autoridad y palabras claras me inquirió:

¿Cuál camino evidente logran iniciar los ciegos?

¡Debes aprender para enseñar, pues hay abismos al avanzar!…

La consciencia del iniciado es una cuarta sustancia de creación que él conforma con sus obras y que sólo da a luz cuando la anhela.

En la mayoría de los terrestres, esta consciencia tarda millones de años en obtenerse y concentrarse; porque una es la forma de producirse y la otra de fructificar.

El madurar se logra cuando -ella- la Conciencia, llega al adepto que desplaza su naturaleza torpe y primitiva, que no es natural en él, sino el fruto de su gula por las cosas del mundo, el ansia voluptuosa de la inconsciencia.

Cuando el iniciado verdadero enfrenta su consciencia a la gran lid, vence y triunfa sobre su ignorancia, que es prepotencia de los sentidos, pasión de la razón.

Sólo así, su alma se encumbra en la justicia a la consciencia, que no es ningún flujo de la mente que hace quebradizo el espíritu terrenal, que habla con razones y simula tener la Verdad.

La consciencia es el camino de la Voz que brota del interior de la esencia, que hace avanzar al Maestro, con la autoridad del Saber, que siempre está por conquistar, en lo infinito de la Consciencia Suprema”.

Y el Maestro de Consciencia me advirtió:

“Debes retroceder ante la Justicia de lo Eterno: ella no es para los ordinarios mortales. Hasta aquí has llegado, más adelante pasarás, si no le temes a la vida que posee la muerte, el hombre eterno la acepta y la intuye; descifra la necesidad de la muerte, la que es para todos. Si quieres conocer y tomarla; sígueme y llegarás a la transformación, a nueva vida.

No asistas a ella si quieres experimentar sin ser honesto en Sabiduría. Porque sólo con la prudencia del conocimiento logrado y aplicado, puedes alcanzar la Inmortalidad, que es el fruto de la vida y la muerte, unidas en una sola fuerza de tiempo-espacio; donde el pasado vive siempre en el futuro de tu consciencia; ese es tu presente”.

Estaba solo frente a él, en ese pasado hace mucho tiempo, reviviendo éstas imágenes, desde el tiempo, donde enseño… se me pidió recordar, y he aquí, que en este tiempo, como en el pasado, “mis recuerdos están bien asentados”: tan profundamente grabados, que puedo definir el tenor de la información que en éste presente entrego.

Allí la aprendí, y fue, desde ese lugar, que la llevo dentro. Todo los recuerdos, en una sucesión de imágenes, están perennes, y sin dispersión. Se me dijo, que debía recordar, y recuerdo, vivamente…

¡Saris! el mundo persigue al hombre para que ahorre el tiempo como oro; es una trampa del dios de la materia, así él borra la consciencia del espíritu…

Me dispuse a superar la gula voluptuosa del mundo, cuando mi primer instructor me enseñó los secretos de la carne en los apegos de las sensaciones.

Me dispuso conocer las enseñanzas del cuerpo, sus funciones y estados, que azotan a los hombres, de la tierra, los que mueren en vida, porque el velo de la carne, trama, el sufrimiento del espíritu.

La carne, -dijo-, mientras me hizo recordar las primeras cámaras de oscuridad de los siete años, donde llegué para merecer esto que hoy, ya es Saber de justicia:

“la carne es razón, oscuridad escupida, y maldita, para aquellos que no comprendieron la oportunidad que se les dio”…

y luego de la iniciación, comprendí que la carne es el asiento del pensamiento que sostiene la vida del hombre.

En ella se generan sus fuerzas de “bien y mal”, las emociones tejen la tela de araña, pegajosa, y la apilan, como un fango.

Se conforma en ella un lodo que se hace focal y global, conectado a la razón en su contorno primitivo, confinada a los moldes de oscuridad de cuanto desconoce o encarcela como sus demonios de inmundicia, de vicio, confusión de mente, y lo rastrero de las cavernas; del negro corazón que los humanos tienen como vida.

Me enseñó, por otra parte, que los mejores pensamientos son como luces de estrellas y se graban en pequeños núcleos individuales, que un día llamaríamos células humanas.

Que lo nocivo del pensamiento, se forma de ese barro en las primeras cámaras de oscuridad, que es la inconsciencia del hombre.

Es un barro de su mundo, un ente de aguas emotivas de pensamientos fríos y calientes, un fuego del calor o frío, de su propio espíritu, que obtiene su aliento, en el palpitar, que cada quien graba, como su obra.

Así nacen las nuevas emociones y pensamientos y el hombre ve su Luz o sus tinieblas.

Entonces, se esencian en cinco sentidos y aflora el gran libro de la vida, escrito en el corazón de cada hombre.

Y en aquel momento comprendí el aprendizaje de las cinco cámaras primeras; los sentidos, donde permaneció escondida mi conciencia, los primeros años de vida.

¡Saris! el tiempo es un crisol que forja la materia, pero la edad del espíritu engendra la eternidad… me instruyó en las siete memorias originales del cuerpo humano: la primera, de naturaleza del verde, color de las plantas, que conocía como musgos, o manojos de tallos de cebada.

Que un segundo cuerpo blanco y negro, contenían lo oscuro y luminoso del hombre; que la carne mantenía su vida en el tercero color, rojo de sangre; en tanto el cuarto, castaño, gobernaba los flujos, para que el quinto, amarillo, diese paso a la mente humana; desde allí se penetra al sexto, de color violeta de conciencia; hermano del séptimo, aura azul, de la final vestidura humana; y entonces aprendí a leer el aura terrestre.

Que estos siete cuerpos, son uno sólo, y llegados los tiempos del conocimiento, se llamarían células, que estarían cubiertas por una sustancia de materia-mente, en cuatro encajes, que las cubren, y desde las cuales se causa el movimiento del pensamiento.

El primer encaje, es por poco, la túnica del sueño, el terreno de barro movido inestable, un cenagal de formas de espejismo, que envuelven las primeras formas de pensamiento celular, y es el primer volumen, de los mecanismos de razonamiento; el sentimiento de emociones, más que todo, en los perversos y desleales, el pensar material.

El segundo encaje, condiciona las emociones como pertenencia “propia” de las cosas, desconociendo así, la conciencia de la verdadera propiedad.

El tercer encaje, acomoda los primeros hilos de la mente sensorial, que aprende, y muestra, su obra del hombre.

El cuarto encaje, ajusta la exacta mente al pensamiento, y lo acerca al espíritu.

Estos cuatro encajes cubren la verdad del pensamiento humano, que en su mayoría de los casos, es calado por entidades parásitas, terrestres y extraterrestres, que viven, de estos ropajes viscosos, movedizos, emocionales del hombre; por esto, al regreso de los muchachos al Templo, los lectores del corazón, mandaban decapitar, a los poseídos por entidades; porque ya no eran humanos.

Los pensamientos, que se incitan y pegan, en los dos encajes primeros, son falsos, y no testimonian el pensar celular, y cerebral.

De esa cavilación y accionar, salen los hechiceros del kudú, que enseñan de la ignorancia, su oscuridad, el sacrificio de salvación, la peste, de los miedos y castigos, en las puertas, del cielo o del averno.

Mas cuando de las vetas luminosas de la mente celular, nace el pensamiento cierto, se alcanza la esencia, Luz del hombre verdadero, que aprende de su interno, dónde está el Manantial de aguas vivas, que asumen toda sabiduría: allí habla el verdadero Dios del Hombre, el que algún día dará cuerpo a los soles de la Creación…

¡Saris! el crisol recibe los fuegos de la vida, el Crisol de la Consciencia, los del hombre…

Mi Preparador caminó en dirección, de un pasadizo, antes secreto para mí, y me dijo:

“sígueme, si quieres llegar a la inmortalidad”

Posteado por Oliver Mora.

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